¿Eres de las personas a las que les da “cosa” beber agua del grifo? Si es así tranquila: no eres la única. Beber agua del grifo debería ser algo normal, puesto que existen un sinfín de sistemas que depuran el agua y se preocupan en hacerla potable para todos nosotros. Aun así, no todos los sitios tienen agua “pura” o que esté rica.
Si vas a algún pueblo de estos que están cerca de la montaña puede que te quedes maravillado sólo de beber agua de alguna fuente. Es tan fresca y ligera que muchas personas llenan botellas vacías para llevársela a casa y disfrutarla durante unos días. Pero claro, no siempre tenemos esa suerte. En la mayoría de lugares, el agua del grifo no resulta tan agradable y por eso mucha gente termina recurriendo al agua embotellada.
Y aquí empieza el dilema: consumir agua embotellada no es precisamente barato. Imagina que compras unas cuatro garrafas a la semana, siendo una sola persona en casa o conviviendo con poca gente. Al final, estarías gastando (dependiendo de la marca) entre 4 y 5 euros semanales, lo que se traduce en unos 15 o 20 euros al mes. Y eso sin contar el verano, cuando bebemos bastante más. Si lo piensas, hidratarse con algo tan natural acaba saliendo bastante caro, ¿verdad?
Además, también está el tema del plástico y de los efectos que tiene sobre la salud. Entonces, ¿qué está bien y qué no? ¿Cómo podemos tomar la mejor decisión?
Lo único que está claro es que sin agua no podemos vivir.
El agua, ese bien tan necesario.
Nuestro cuerpo está formado en un 60% por agua, así que beberla no es una opción: es una necesidad.
Puedes tener ese amigo que asegura que “le da asco el agua” y vive a base de cafés, refrescos o zumos, pero la realidad es que incluso esas bebidas contienen agua. Nadie escapa de ella.
Eso sí: es cierto que no todas las aguas son iguales. No siempre nos sientan bien, ni tienen el mismo sabor, y en cada ciudad la calidad varía muchísimo. En sitios como Madrid, dicen que el agua del grifo es una delicia, pero en cambio, en otras zonas basta con abrir el grifo para que te huela raro o sepa demasiado a cloro.
Todo esto contribuye a que la gente compre el agua embotellada, pero para muchos, tampoco es una solución.
El impacto ambiental del agua embotellada.
Más allá del gasto económico que afrontamos mes a mes, hay un gasto oculto que solemos olvidar: el ambiental. Cada botella de plástico que consumimos deja huella. Solo en España se consumen más de 3.500 millones de litros de agua embotellada al año, lo que se traduce en millones de envases plásticos que, aunque muchos se reciclan, otros acaban contaminando suelos, mares y ríos.
Y aunque parezca que “es solo plástico”, producir esas botellas requiere petróleo, energía y transporte. Una simple botella de litro y medio ha recorrido un largo camino antes de llegar a tus manos, generando emisiones de CO₂ que se podrían evitar si bebiéramos directamente del grifo o usáramos sistemas de filtrado.
Además, el propio plástico plantea otra duda: con el tiempo puede liberar micro plásticos que terminamos ingiriendo sin darnos cuenta. Estas partículas provienen de la degradación de las botellas debido al calor, la luz del sol o incluso al simple contacto con el agua durante días. No hace falta que lo pienses mucho para imaginar que esto ocurre especialmente si dejas las botellas en el coche en verano o si las reutilizas varias veces.
Aunque todavía se estudia cómo nos afecta exactamente a la salud, ya se sabe que los micro plásticos pueden acumularse en nuestro organismo y, a la larga, podrían influir en nuestro metabolismo, sistema digestivo e incluso en algunos procesos celulares. Lo preocupante es que no podemos verlos ni filtrarlos fácilmente en casa; simplemente se mezclan con el agua que bebemos.
Por eso, muchas personas han empezado a buscar alternativas más seguras que veremos a continuación.
Formas seguras de hidratarse sin depender del plástico.
Existen varias opciones que nos permiten beber agua de manera segura, cuidar nuestro cuerpo y al mismo tiempo reducir el impacto ambiental:
- Botellas reutilizables de vidrio o acero inoxidable.
Son resistentes, fáciles de limpiar y no liberan partículas en el agua, por lo cual son ideales para llevar a todas partes sin preocuparse por los micro plásticos.
- Filtros domésticos y jarras filtrantes.
Los filtros presentan modelos sencillos y avanzados. Nos ayudan a eliminar impurezas y mejorar el sabor del agua del grifo, haciendo que resulte más agradable y segura para toda la familia.
- Dispensadores de agua.
Una opción cómoda y responsable. Funcionan con garrafas grandes que se colocan en el aparato y gracias a ellos podemos disponer de agua fría, ambiente o caliente en cualquier momento. Además, una de las claras ventajas que señalan los distribuidores de Agua La Marea es que puedes disfrutar de ellos en cualquier sitio (en casa, en el trabajo, etc.).
- Fuentes públicas y puntos de recarga.
Cada vez más ciudades instalan fuentes con agua potable tratada y gratuita, fomentando un consumo responsable y reduciendo residuos de plástico.
Con estas alternativas, beber agua se convierte en un hábito seguro, práctico y respetuoso con el planeta.
Tipos de agua embotellada.
Aunque el agua embotellada suele parecer toda igual, en realidad existen varios tipos que se diferencian por su origen y por cómo se trata antes de llegar a tu botella:
- Agua mineral natural.
Proviene de manantiales protegidos y mantiene sus minerales originales, como calcio, magnesio o sodio. No se somete a tratamientos químicos, y por eso suele tener un sabor característico que varía según la fuente. Está bastante recomendada para las personas que buscan un agua pura que tenga beneficios añadidos para el organismo.
2. Agua de manantial.
También proviene de fuentes subterráneas naturales, pero puede someterse a tratamientos ligeros para asegurar su potabilidad. Suele tener menos minerales que el agua mineral natural y un sabor más neutro. Es perfecta para el consumo diario si te gusta un agua suave y puro.
3. Agua purificada.
Se obtiene de agua del grifo o de fuentes naturales, pero pasa por procesos de filtración y desinfección que eliminan impurezas y microorganismos. Es muy segura y tiene un sabor limpio, aunque al eliminar minerales puede resultar algo “plana” para quienes prefieren aguas con más cuerpo.
4. Agua con gas.
Puede ser natural si proviene de un manantial carbonatado, o añadida artificialmente. Es refrescante y ayuda a quienes disfrutan de bebidas con burbujas, pero conviene moderarla si tienes problemas digestivos o hipertensión.
¿Qué es lo mejor para nuestra salud?
Elegir qué agua beber puede parecer algo sencillo, pero lo cierto es que tiene más importancia de lo que pensamos. Pongamos entonces las cartas sobre la mesa:
Por un lado, está el agua del grifo, que suele ser segura en la mayoría de los sitios, porque hay controles y tratamientos que aseguran que sea potable. Es barata, está disponible en cualquier momento y no genera residuos de plástico, así que nuestro bolsillo y el planeta lo agradecen. Aun así, no todos disfrutamos del mismo sabor: hay lugares donde el agua puede tener un toque de cloro o saber un poco “rara”, y eso hace que algunas personas busquen otras opciones más agradables, como los dispensadores de agua o, de vez en cuando, agua embotellada.
Por otro, tenemos el agua embotellada, la cual todos vemos como la solución, pero que cómo hemos visto aquí, tiene dos caras y muchos tipos:
- El agua mineral natural tiene minerales que pueden ser buenos para el cuerpo y un sabor característico que depende del manantial.
- El agua de manantial suele ser más suave y neutra.
- El agua purificada se filtra para eliminar impurezas y microorganismos, aunque pierde algunos minerales.
- El agua con gas, aunque refrescante y divertida para quienes disfrutan de burbujas, conviene tomarla con moderación si tienes problemas digestivos o tensión alta.
Eso sí, lo que nunca debemos olvidar es el plástico: las botellas pueden liberar micro plásticos con el tiempo y su fabricación genera un impacto medioambiental considerable.
Entonces, ¿Qué es mejor?
Una alternativa práctica y saludable son los dispensadores de agua. Funcionan con garrafas grandes y nos dan agua fría, templada o caliente al instante. Además, al elegir fuentes controladas, sabemos que el agua es segura y con buen sabor. Así, no dependemos de botellas de plástico individuales y podemos tener agua de calidad siempre disponible en casa u oficina.
Otra opción que cada vez gusta más es mejorar el agua del grifo con filtros domésticos o jarras filtrantes. Estos sistemas eliminan cloro, sedimentos y otras impurezas, haciendo que el agua tenga mejor sabor sin perder los minerales naturales. Y si usamos botellas reutilizables de vidrio o acero inoxidable, podemos llevarla con nosotros sin preocuparnos por micro plásticos ni generar residuos.
Al final, lo más importante para nuestra salud es beber suficiente agua cada día, eligiendo la opción que mejor se adapte a nuestro gusto, nuestra rutina y nuestro entorno. Si quieres un consejo, siempre puedes combinar varias alternativas: agua filtrada del grifo, dispensadores de confianza y, de vez en cuando, agua embotellada de calidad. Así nos hidratamos de manera segura, cómoda y consciente, sin comprometer el bienestar del cuerpo ni del planeta.