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Entendiendo el apego

En términos psicológicos, el apego no suele ser algo positivo. Aparte de lo que los profesionales de la salud mental, sean psiquiatras o psicólogos, como Terapias Psi, expertas en terapia Gestalt, denominan como apego seguro, los diferentes tipos de apego definidos, conllevan una serie de implicaciones psicológicas y emocionales poco saludables.

Desde la infancia, debemos aprender a construir lazos emocionales fuertes, sólidos y, por supuesto, sanos. Sin embargo, en numerosas ocasiones, eso no es posible, debido a las circunstancias particulares que rodean a cada individuo. Conocer los diferentes tipos de apego en los que se basa la Teoría del Apego, puede ayudar a comprender algunas de las dificultades que pasamos en la infancia y, posteriormente, en la edad adulta. Momento en el que las experiencias de la infancia, pueden volverse contra nosotros sin que apenas nos demos cuenta.

Si somos capaces de comprender lo que nos ha pasado durante esa etapa, podemos comprender lo que nos ocurre en el momento presente. El autoconocimiento es la clave, pero la ayuda psicológica puede resultar fundamental para avanzar emocionalmente y romper con esas barreras que nos impiden avanzar.

Centrándonos en la Teoría del Apego desarrollada por el psiquiatra británico John Bowlby, en los años sesenta, vemos como la misma, se centra en las relaciones y los lazos que establecemos las personas. Sobre todo, cuando esas relaciones se constituyen a largo plazo. Entre ellas, se encuentran las relaciones entre padres e hijos y parejas. Según dicha teoría, nuestra autoestima, la capacidad para controlar las emociones y la calidad de las relaciones que vamos a mantener o mantenemos a lo largo de nuestra vida, se determinan en gran medida por el tipo de apego desarrollado.

Podemos definir el apego, como ese vinculo emocional profundo y duradero que se crea entre dos personas. Las relaciones de apego, tienen la característica de conllevar una búsqueda de la cercanía de la otra parte, algo que nos hace sentir seguros. Antes de continuar, debemos saber que se trata de un vinculo emocional muy importante para los humanos desde que nacemos hasta que nos hacemos adultos. La teoría de Bowlby, se basa en la creencia de que los primeros lazos que forman los niños con sus cuidadores, de forma habitual y generalizada los padres, poseen un tremendo impacto que permanece toda la vida. La misma teoría, sugiere que el apego sirve para mantener al bebé, cerca de la madre, algo que se da en la naturaleza.

La línea central de la teoría es que si los cuidadores responden a las necesidades del bebé de la manera adecuada, el niño, desarrollará una sensación de seguridad positiva.

El apego seguro

Las disciplinas que se encargan de la salud mental, determinan cuatro tipos de apego (a razón de la teoría de la que venimos hablando). Estos estilos de apego diferentes, surgen en respuesta a la atención que reciben los niños por parte de sus progenitores o cuidadores a lo largo de su infancia.

En primer lugar, encontramos el apego seguro. El que deberíamos generar todos. Los niños que tienen este estilo de apego, se enfadan visiblemente cuando sus cuidadores de van y se sienten felices cuando regresan. Cuando sienten temor, buscan consuelo en sus padres y se sienten felices cuando las figuras de referencia, inician el contacto con él.

Estos padres o cuidadores, tienden a jugar más con sus hijos, reaccionan rápidamente ante sus necesidades y establecen un apego seguro con ellos. A consecuencia, los niños con apego seguro son capaces de separarse de los progenitores, buscan el consuelo y protección cuando sienten miedo, cuando regresan les saludan con emociones positivas y prefieren a los progenitores antes que a los desconocidos.

Ya en la edad adulta, tienden a mantener relaciones de confianza y duraderas, tener buena autoestima, sentirse cómodos compartiendo sentimientos y buscan el apoyo social.

Lo natural es formar un vínculo seguro con los cuidadores, algo que no sucede siempre, siendo los siguientes factores determinantes a la hora de desarrollar un apego seguro o no:

  • La capacidad de respuesta de los cuidadores durante el primer año.
  • Progenitores que responden de manera inconsciente, tienen bebés que exploran menos, lloran más y están más ansiosos.
  • Los padres que rechazan o ignoran las necesidades de los bebés, tienden a tener hijos que evitan el contacto.

En la edad adulta, aquellos unido de manera segura, tienden a confiar en las relaciones a largo plazo. Tienen buena autoestima, disfrutan de las relaciones íntimas, buscan el apoyo de otros y son capaces de compartir sus sentimientos.

Los apegos que hay que desapegar

Cuando los cuidados de la infancia no son los adecuados, la respuesta de los niños, tampoco lo suele ser. Aparte del apego seguro del que ya hemos hablado, encontramos otros tres estilos con rasgos, visiblemente, más negativos y menos saludables emocionalmente.

Empezando por el apego ansioso-ambivalente, en el que los niños desconfían mucho de los extraños. Estos niños, muestran una gran angustia frente a la separación de sus cuidadores, pero no se sienten mejor a su regreso. En algunos casos, los niños, pueden rechazar de forma pasiva a los progenitores o mostrar una agresión abierta y directa hacia ellos.

El apego ansioso-ambivalente es poco común y se relaciona con una baja disponibilidad por parte del padre o la madre.

Los niños que presentan este tipo de apego suelen desconfiar de los desconocidos, se angustian ante la marcha de los padres y no se sienten consolados a su regreso. A consecuencia de esto, en su edad adulta son reacios al acercamiento a otras personas, se preocupan de que su pareja no los quiera y se angustian mucho al finalizar las relaciones.

Cuando los niños evitan a progenitores o cuidadores, nos encontramos con el estilo de apego evitativo. Esta evitación se hace más presente tras un periodo de ausencia. Si bien estos niños no rechazan la atención de los progenitores, tampoco buscan en ellos el consuelo o el contacto. No suelen tampoco mostrar preferencia entre los progenitores o desconocidos.

Se trata de niños que pueden evitar al padre y a la madre, no buscan el contacto y consuelo por parte de ellos y muestran poca o ninguna preferencia por los padres frente a los desconocidos. A razón de esto, se convierten en adultos que pueden tener problemas en la intimidad y desarrollar miedo al compromiso. Invierten poca emoción en las relaciones personales o de pareja y están poco dispuestos o son incapaces de compartir sus pensamientos y sentimientos con otros.

A menudo evitan la intimidad valiéndose de excusas como el trabajo y son incapaces de apoyar a sus parejas en situaciones de estrés.

Ante la clara ausencia de apego, nos encontramos con el estilo de apego desorganizado. En este caso, las acciones y respuestas a los cuidadores son una mezcla de comportamientos que incluyen evitación o resistencia. Pueden mostrar un comportamiento aturdido y a veces parecen confundidos o aprensivos ante sus cuidadores.

A la edad de un año, estos niños, muestran comportamientos evitativos y resistentes, pudiendo parecer aturdidos, confundidos o aprensivos. A los seis años pueden asumir un rol parental y actuar como cuidadores de los progenitores.

Un comportamiento inconsciente por parte de los progenitores, podría ser un factor relevante en este estilo de apego. Los progenitores que actúan como figuras de miedo y tranquilidad para el niño al mismo tiempo, contribuyen a que el niño desarrolle un apego desorganizado. Esto se produce por que el niño siente a la vez consuelo y miedo ante sus progenitores.

Tener un estilo de apego u otro, determina en gran medida como afectará a las relaciones de pareja. Buscar el contacto con otros seres humanos es parte intrínseca de la naturaleza humana, tanto como forjar relaciones y la necesidad de pertenecer a algo.

Si bien es cierto que la forma de relacionarnos durante la edad adulta puede no corresponderse absolutamente con los apegos de la primera infancia, también lo es el hecho de que las relaciones forjadas con los cuidadores, desempeñan un papel fundamental en el desarrollo emocional. Si comprendemos correctamente la importancia del apego, resulta más fácil, lograr mayor comprensión sobre como esos primeros apegos afectan a las relaciones adultas.

Es muy habitual que, debido al apego, se generen relaciones toxicas en las que el vinculo es tan fuerte y desorganizado que hay que aprender a desapegarse de la otra parte. Ahondar y profundizar en el estilo de apego desarrollado y sus causas en la infancia, es la mejor manera de restaurar esos vínculos que establecemos con las personas que nos rodean.

El apego no es algo negativo, aunque a veces al hablar de él parezca que no es favorable. Un apego seguro es el ideal para mantener relaciones saludables, un apego incorrecto, conlleva una serie de emociones descontroladas y negativas que hay que corregir para poder gozar de una buena salud mental y fomentar relaciones saludables.

Cualquiera de los estilos de apego erróneos, pueden corregirse con ayuda siempre que las conductas que produzcan, causen malestar en la persona. No siempre un estilo de apego debe conllevar problemas profundos pues al final, cada individuo surfea las olas de las emociones como buenamente puede. En tal caso, lo mejor, practicar el desapego siempre que el apego, nos genere ansiedad.

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