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Elegir una residencia de mayores.

Siempre se ha pensado que cuando una persona mayor terminaba en una residencia de ancianos es porque sus familiares no querían encargarse de él. Es una idea falsa. A ningún hijo le gusta esa solución. Sin embargo, llega un momento en el que, normalmente por problemas de salud, es la mejor opción. El interno debe ser atendido todo el día por personal especializado. Hay que elegir el centro donde esté mejor cuidado y disfrute de una mayor calidad de vida durante la última etapa de su vida.

Es evidente el envejecimiento de la población. En nuestro país hay 9 millones y medio de personas mayores de 65 años. Hay una mayor esperanza de vida. La gente vive más años. Durante una temporada de su jubilación, las personas mayores viven solas o con alguno de sus familiares. Con frecuencia, se recurre a contratar a alguna trabajadora del hogar para que le ayude a llevar la casa. A medida que avanza su edad aparecen graves complicaciones de salud. Demencia senil, alzhéimer, problemas de movilidad, agravamiento de enfermedades. Cuando llega ese momento, necesitan personal especializado que se encarguen de su cuidado. Ni la presencia permanente de sus hijos, ni tan siquiera tener a alguien interno conviviendo con él es suficiente para prestar la atención que la persona necesita. Esta es la verdadera realidad de la mayoría de las residencias españolas.

La salud. El servicio principal.

Hay quién puede pensar que una residencia de ancianos es una especie de hotel para la tercera edad. Un campamento estable de jubilados. Nada más lejos de la realidad. Como indica el artículo publicado en la revista digital Panageos “Cómo debe ser el personal de una residencia geriátrica”, gran parte de su plantilla tiene un perfil sanitario. Un auxiliar geriátrico es un ATS (Asistente técnico sanitario) especializado.

El 80% de los internos de una residencia padecen alguna enfermedad, reciben una medicación estable y necesitan de personal con una formación específica que sepa cómo actuar ante cualquier situación y sepa cómo tratarlos atendiendo a sus peculiaridades.

Algunos cuidados especiales que reciben a diario, como llevar pañales por incontinencia, el cuidado especial a la higiene personal e incluso una alimentación determinada, son consecuencia de su estado físico y mental y no un reflejo de la edad.

En una residencia, además del personal de gestión y del de cocina, trabajan un médico especializado, un gerontólogo, enfermeras, fisioterapeutas, auxiliares de enfermería, psicólogos especializados en la tercera edad, etc.

En cierta medida, es un centro médico especializado. Se puede valorar la calidad de una residencia por el equipo sanitario del que dispones y la atención que presta a la salud de los internos.

Mantener la vida social.

Las personas ingresadas en las residencias vienen de tener una intensa vida social. Han viajado, han mantenido una relación estrecha con familiares y amigos, han participado en diferentes actividades, han tenido hijos, han tenido nietos. Vienen de una rica experiencia vital que, por lo general, no ha sido pasiva.

Una de los retos a los que se enfrentan las residencias es que los ancianos no rompan  los lazos del pasado y fomentar que sigan relacionándose con los demás. Los expertos consideran beneficioso que la residencia esté próxima a la familia y al entorno donde la persona se movía anteriormente. Los familiares de los ancianos ingresados en la Residencia Nuestra Señora del Rosario valoran positivamente que sus instalaciones estén ubicadas en el centro de Valladolid. Seguir manteniendo la conexión de los internos con sus familiares es fundamental.

Muchos de los servicios que prestan estos centros están relacionados con el aspecto social. Las salas de juego, los jardines o el salón de televisión van dirigidos a crear un ámbito en el que puedan relacionarse entre ellos. Poner en marcha un plan de actividades y las terapias ocupacionales se orientan a estimular sus aptitudes y a que las sigan desarrollando. Disponer de una biblioteca les activa la mente y hace que no pierdan sus aficiones. Tener una capilla les permite que sigan practicando su religión.

Que sean mayores no significa que tengan que estar aparcados en un rincón. Hay que hacer que disfruten de la vida y se enriquezcan individual y colectivamente. Crear un ámbito de comunidad.

Uno de los problemas sociales que afronta la tercera edad en nuestro país es la soledad. Se calcula que 45.000 ancianos viven solos en España. La soledad no es solo física, tiene que ver mucho con la relación con el entorno y con los demás. Las residencias son un lugar adecuado para erradicarla.

Mejorar la calidad de vida.

La alimentación que reciben, los jardines para pasear, el cuidado personal (peluquería, podólogo, pedicura, barbero, etc.) la disposición de las habitaciones, la atención del personal y muchas más cuestiones van orientadas a mejorar la calidad de vida de los internos. A hacer agradable la estancia. A que disfruten el tiempo que estén allí. Sin duda, esta es una de las motivaciones de las residencias.

La Universidad de Salamanca realizó una encuesta para evaluar la calidad de vida en las residencias de la ciudad. Para ello seleccionó una muestra de 99 personas (30 de ellos internos, 33 familiares y 36 trabajadores de los centros) y se sometieron a estudio 100 parámetros sugeridos por el INSERSO. Se aprecia una similitud de opiniones entre los familiares y los centros; y una cierta disparidad de criterios por parte de los internos. Si bien estos valoran positivamente la atención recibida a su salud y la relación entre ellos, pero consideran insuficiente el crecimiento personal y el contacto con la familia. Más allá de los resultados, cabe destacar los tres nódulos sobre los que pivotan las conclusiones, y que hacen referencia a sacar enseñanzas para mejorar el trabajo de las residencias.

El primer eje central es el bienestar físico. La atención a la salud. Es la base de todo. Si no se tienen una buena salud no se puede disfrutar de una buena calidad de vida. Justamente este es uno de los aspectos mejor valorados los internos. Sienten que están bien atendidos respecto a sus dolencias y enfermedades, y que reciben un correcto seguimiento de los tratamientos.

El segundo punto son los servicios. Harían referencia a la comida, al aseo personal, entendido en un sentido amplio, que incluirían servicios extra como peluquería, podólogo, etc., las actividades de ocio y otras que satisfagan sus gustos personales como la lectura. Estas son una serie de actividades que van dirigidas a hacer la vida más cómoda.

Y el tercer aspecto son los recursos humanos. No solo valorando la cantidad de personal destinado a realizar las tareas, sino también el trato recibido. Los mayores necesitan que les presten atención, que les den un trato humano, que se sientan atendidos y escuchados. En cierta medida, queridos. Esto no significa que en las residencias se les trate mal, ni mucho menos, pero sí que debe ser una cuestión importante a tener en cuenta.

Puede haber más aspectos a valorar, si respecto a calidad de vida hablamos. Pero las conclusiones de los psicólogos que participaron en el estudio centran estos tres como principales, usándolos como una orientación para que las residencias persistan en ellos, a fin de hacer más agradable la vida de los internos.

Llegado un momento en el que la persona mayor necesita un cuidado profesional las 24 horas del día, una residencia puede ser la mejor opción. Para elegir la más apropiada hay que valorar la atención médica que prestan y los servicios que ofrecen a fin de nuestros mayores vivan esos años en las mejores condiciones posibles.

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