¿Qué pasa cuando el que está quemado trabaja en rescate y emergencias?

Estamos seguros de que los ves todos los días, y probablemente no les hagas demasiado caso. La vida de un rescatista es muy intensa, y muchas veces puede llegar a ser muy peligrosa. Da igual que sea un bombero, un policía o un técnico de emergencias, estas personas siempre corren peligro, sea cual sea, todo lo que hacen implica peligros, riesgos y esfuerzo. Imagina lo que sería para ti ver a alguien en peligro, no poder salvarlo, tener que enfrentar accidentes graves o incluso ver morir a alguien en tus brazos… y, todo esto, día tras día. Ninguno de nosotros nos preguntamos cómo viven ellos en su día a día, cómo descansan, cómo enfrentan el miedo y el estrés, y tiene que ser muy complicado para ellos.

Se que están acostumbrados a darlo todo y a poner la vida de los demás por delante de la suya, y eso es admirable, pero también puede pasar factura mentalmente, porque nadie puede mantener ese nivel de intensidad y alerta durante demasiado tiempo. Esa sobrecarga física y mental, esa falta de descanso y esa obligación de estar siempre disponibles y pendientes para que no falle nada terminan desgastándolos.

Muy pocas personas entienden realmente cómo se siente estar al límite cada día mientras todo el mundo ve solo la parte heroica de esta historia.

 

Lo peligroso de estar siempre en el filo de la navaja

Rescatar a personas, meterse en sitios peligrosos para salvarlos y enfrentarte al peligro día tras día es toda una odisea. Ellos están en la montaña, aunque haya tormenta, lluvia y barro, y corren por senderos que se pueden derrumbar en cualquier momento. A veces también cruzan los ríos bravíos que suben su nivel de agua en un segundo por las tormentas, y un paso en falso puede arrastrarlos y hacer que se los lleve la corriente. Eso genera un nivel de estrés que no se va a ir en un día o dos, ni cuando termina el rescate: la adrenalina ayuda mientras estás en activo, pero después tu cuerpo entero cae en descenso y ya es muy difícil subir de nuevo.

La presión mental que enfrentan es arrolladora, cosas como tomar decisiones en condiciones extremas y la posibilidad de que algo salga mal y que terminen muertos, puede generarles un nivel tan grande de ansiedad que puede convertirse en una enfermedad. La mente no se apaga cuando se sale del trabajo, las imágenes traumáticas y el susto del cuerpo sigue con ellos todos los días. Muchos se acostumbran, acaban desconectando incluso de sus sentimientos… Por eso, muchas veces, cuando hablas con alguien que lleva mucho tiempo en estas cosas, puede parecerte insensible, pero no es que lo sean, sino que han tenido que apagar la intensidad de sus emociones para poder seguir.

Ver accidentes graves, personas heridas o fallecidas, no es nada fácil. Sobre todo por los sentimientos de culpa que se les quedan día tras día.

 

Siempre están disponibles

Este tipo de trabajos funcionan bajo la idea de que siempre debes estar listo para todo lo que surja, da igual si acabaste un rescate de 12 horas hace tan solo una hora o si has llegado a tu casa hace un momento: una llamada de emergencia puede llegar cuando sea y, si te necesitan, tienes que estar disponible para responderla y encargarte de ella. Saber que en cualquier momento puede sonarte el móvil, hace que tu mente nunca descanse del todo, por eso ahora se está implantando en las empresas cosas como “la desconexión digital”.

Muchos lo llaman compromiso y dedicación, y ven algo bueno en esto, pero lo que genera es estrés constante. Los que se dedican a esto, piensan que cada vez que no pueden ir o atender la llamada, alguien se puede estar muriendo por su culpa. Entonces no desconectan realmente en ningún momento, haciendo que el agotamiento se vuelva crónico. Al principio, muchos empiezan con mucha fuerza y dedicación estos trabajos… Pero, al no descansar en ningún sentido, esa ilusión puede perderse tan rápido como vino.

Lo peor es que muchos rescatistas sienten que admitir cansancio o estrés es como admitir que son más débiles que los demás. Esto aumenta la presión emocional y hace que las emociones negativas se oculten en lugar de gestionarse como deberían. La combinación de peligro físico, tensión mental y falta de descanso es el coctel molotov perfecto para que aparezca el burnout. Incluso quienes más resilientes son, terminan sintiendo que nunca hay un respiro, y la carga emocional se acumula sin control.

 

Lo que pasa cuando el cuerpo dice basta

El cuerpo y la mente tienen límites, y en estos trabajos esos límites se alcanzan rápido. La gente que empieza a padecer esto puede empezar con irritabilidad, fatiga extrema, insomnio, dolores musculares y falta de concentración. Al principio, algunos lo ignoran, pensando que forma parte del trabajo, pero el desgaste se acumula y puede convertirse en un problema grande que les puede obligar a para durante un tiempo.

Cuando ya aparece el agotamiento emocional, hay que preocuparse. Aquí es cuando se empieza a hacer difícil concentrarse, tomar decisiones y mantener la calma. Esto me preocupa mucho, porque en un rescate, cualquier error puede acabar fatal. La salud física también se deteriora con todo esto: pueden acabar con problemas de sueño, migrañas, ansiedad y depresión. Si los ignoran pueden aumentar el riesgo de sufrir un accidente, y que acaben cometiendo errores que les pueden salir muy caros a ellos y a personas que dependen de ellos.

Este síndrome es la consecuencia de la sobrecarga laboral, la presión constante y la falta de desconexión. Los rescatistas necesitan tiempo para procesar emociones, pero no lo tienen. Este tremendo desgaste, solo se puede manejar con prevención y autocuidado.

 

Los horarios que matan la desconexión

Los turnos en rescate son una locura. No hay un horario estable: un día puedes trabajar 12 o 14 horas seguidas, al siguiente descansar unas pocas y después tener que salir en un rescate nocturno que descompensa todo tu ritmo vital. Dormir mal, despertarte cansado y volver a una situación de alto riesgo se vuelve algo cotidiano, y empieza a pasar factura en el cuerpo.

Aunque estés fuera de tu turno, los avisos te siguen llegando. La mente nunca se apaga, y el estrés se vuelve crónico. Cada rescate, aunque salga bien, agrega más tensión a su cuerpo. Para mejorar estas consecuencias, necesitan tener horarios que les permitan desconectar.

 

Cómo les afecta emocionalmente

Todos sabemos las cosas tan terribles que estas personas pueden ver y vivir en ocasiones.

Muchos rescatistas terminan aislándose, alienándose completamente de sus emociones o sufriendo cambios de humor constantes. Sus relaciones pueden resentirse, y la falta de apoyo emocional por parte de las instituciones lo empeora todo.

Este tipo de sistema no cuida la salud emocional de quienes trabajan en estas condiciones. Manejar estas emociones es clave para mantener la capacidad de respuesta y evitar errores en momentos críticos. Aprender a procesarlas, a hablar con compañeros y a buscar herramientas de apoyo puede marcar la diferencia entre seguir funcionando o llegar a un colapso total.

 

Las malas condiciones laborales

También tenemos que tener en cuenta las condiciones laborales a las que muchos se enfrentan. Equipos incompletos o desactualizados, instalaciones antiguas, protocolos de seguridad insuficientes y salarios bajos, que no reflejan ni la intensidad ni los riesgos del trabajo. Todo esto frustra mucho y es muy injusto.

Muchos se sienten abandonados por falta de apoyo y esto los sobrecarga aún más. A ver, los rescatistas saben que cada rescate tiene sus riesgos, pero si a todo lo que enfrentan, le añaden la falta de recursos y protocolos claros, es demasiado para ellos. Pueden trabajar tres días seguidos enteros, descansan cuatro… Pero igualmente esos tres días, para muchos, es como ir a la guerra. No saben cuándo va a sonar el aviso, ni lo que se van a encontrar o lo que van a tener que arriesgar sus vidas. Esos tres días apenas duermen, ni comen tranquilos. Es todo un caldo de cultivo para que, cualquier miembro de rescate, acabe sufriendo burnout.

 

Estrategias que realmente ayudan

En Playing Camp me contaron que existen prácticas de bienestar corporativo basadas es estudios, que ayudan a liberar estrés, mejorar la comunicación y fortalecer el rendimiento del equipo de manera divertida y efectiva. Estas prácticas consiguen que descarguen tensiones acumuladas y desarrollen herramientas para manejar mejor la presión.

En estos trabajos, aprender a procesar emociones, mantener al equipo unido y generar espacios seguros para hablar de lo que les afecta, reduce mucho la sobrecarga mental y física.

Se pueden usar estos métodos para mantener la motivación y la energía, incluso en situaciones graves. Cuando se trabaja en condiciones de riesgo constante, estas estrategias son fundamentales para proteger la salud, ser más eficientes y asegurar que los rescates acaben en éxito.

 

Cómo identificar que estás quemado

Seguramente, notarás cansancio extremo que no se va ni descansando, estarás irritable, sin motivación y con problemas para concentrarte. También puedes sufrir dolores en los músculos, migrañas, insomnio y cambios de apetito.

Si ignoras estas cosas, solo prolongas el daño y te pones en peligro. Busca ayuda profesional para evitar complicaciones y empeorar… No eres débil por pedir ayuda, al contrario. Está siendo fuerte por ti y por todos lo que tendrás a tu cargo.

 

Sigue estos consejos para prevenirlo

Necesitas establecer límites estrictos entre trabajo y descanso, crear espacios de desconexión mental, practicar actividad física, relajación y compartir experiencias con tus compañeros. También puede ayudarte aprovechar los recursos de bienestar corporativo, donde se enseña a manejar la presión, procesar emociones y fortalecer al equipo de manera segura.

Tienes que ser constante en estas cosas. Debes encontrar tu equilibrio entre la pasión que tienes por ayudar y la necesidad de cuidar tu salud. No es bueno aguantar y guardarse las cosas siempre. Necesitas descansar, recuperarte emocionalmente y sentirte apoyado por el equipo.

 

Manten tu fuego interno sin quemarte

Si te dedicas a esto, estoy seguro de que amas tu trabajo. Pero, aunque no nos guste, el cuerpo y la mente tienen un límite, al fin y al cabo, somos personas.

Para dedicarte a esto durante muchísimos años, tienes que entender que debes cuidar de tu salud. Por mucha pasión que tengas dentro, si el cuerpo y la mente fallan ya no podrás seguir haciéndolo.

Asegurarte de descansar, desconectar y cuidarte, debe convertirse en parte de tu trabajo. Así podrás ser un buen rescatista, pero también disfrutarlo y, sobre todo, disfrutar de los tuyos.

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