¿Alguna vez has sentido esas ganas locas de montar algo tuyo? A todos nos pasa en algún momento. Y no te voy a mentir, la idea de emprender suena increíble… pero déjame preguntarte algo: ¿has pensado de verdad en todo lo que implica? ¿Has imaginado más allá del logo bonito, del local decorado o de los likes en redes sociales?
Porque sí, emprender mola, pero también es un lío. Y no quiero sonar aguafiestas, al revés: quiero que lo veas con claridad antes de lanzarte de cabeza. Hay problemas que la mayoría no ve venir y que pueden hundir un proyecto muy deprisa.
La cosa es sencilla: cuanto más consciente seas de lo que puede salir mal, más preparado estarás para que salga bien. Así que, si de verdad estás pensando en emprender, párate un momento y pregúntate: ¿estoy listo para enfrentar lo que viene?
No tener un buen plan
Uno de los errores más grandes es no tener un plan claro y realista. He escuchado a muchísima gente decir: “Voy a abrir un bar porque en este barrio no hay ninguno bonito” o “quiero montar una tienda online porque todo el mundo compra por internet”. Vale, la idea suena bien, pero ¿dónde está el plan?
Un plan no es solo imaginar cómo se vería tu logo o decidir que te encantaría tener un local con luces de neón. Un plan implica números, presupuestos, tiempos, proveedores, clientes potenciales y, sobre todo, escenarios que no son tan bonitos… porque casi todo cuesta más de lo que pensabas y lleva más tiempo del que imaginabas.
El problema de no tener un plan realista es que al primer golpe, al primer gasto imprevisto o a la primera baja de ingresos, la mayoría entra en pánico. Y no se trata de que tengas que hacer un plan perfecto de 50 páginas, pero sí necesitas sentarte y poner por escrito qué vas a hacer, cuánto cuesta, cuánto esperas ganar y qué pasa si las cosas no salen como sueñas.
Lo peor de este error es que mucha gente lo considera aburrido y lo deja pasar, y luego se arrepiente. Porque cuando no hay una ruta, cualquier obstáculo parece el fin del camino.
Pensar que el dinero llega solo
Otro error muy común es creer que el dinero simplemente va a aparecer porque tu idea es buena. O peor aún, pensar que solo con publicar en Instagram ya tendrás clientes que corren a comprar lo que vendes.
El dinero no llega solo, tienes que buscarlo, trabajarlo y, muchas veces, aprender a pasar por momentos en los que no entra nada. Lo normal en los primeros meses (a veces años) es que no ganes lo suficiente. Y eso no significa que tu negocio esté mal, significa que estás construyendo algo que requiere tiempo.
Muchos se rinden porque no entienden esto. Se endeudan más de la cuenta porque pensaban que al segundo mes ya estarían viviendo de su proyecto. El choque con la realidad duele, pero es necesario decirlo: el dinero tarda en llegar. Y mientras tanto, hay que saber gestionarse, no gastar lo que no tienes y, sobre todo, no creerte millonario antes de tiempo.
Lo que ayuda mucho aquí es separar lo personal de lo del negocio. Si mezclas tu cuenta del banco con la de tu empresa, todo se vuelve un caos. Es básico aprender a diferenciar lo que gastas en tu vida de lo que necesita tu proyecto.
No entender el papeleo: licencias y permisos
La licencia de apertura (también llamada licencia de actividad en algunos sitios) es el permiso que te da el ayuntamiento para poder abrir tu local al público. Básicamente, es el documento que certifica que tu negocio cumple con las normas de seguridad, de higiene, de ruido, de accesibilidad, etc.
Mucha gente abre un local sin tener la licencia en regla y piensa: “bueno, ya la pediré después” o “seguro que no pasa nada”. Y pasa, vaya si pasa. Te pueden multar, cerrar el local o ponerte trabas que luego son mucho más costosas. Además, tramitarla no es simplemente rellenar un papel: necesitas técnicos que hagan un proyecto, planos, informes y todo un proceso que se tiene que presentar de forma correcta.
Los expertos de Prada Ingenieros, expertos en temas como la declaración responsable en Pozuelo de Alarcón, nos dicen lo siguiente: “Antes de solicitar una licencia de actividad, conviene hacer un estudio del local para asegurarse de que cumple con las condiciones necesarias en temas de insonorización, protección contra incendios, accesibilidad para personas con discapacidad y otras exigencias legales. Detectar estos puntos antes de invertir en un local evita problemas muy costosos después”.
Y aquí está el detalle que muchos ignoran: alquilan un local porque está barato o en una zona que les gusta, y luego descubren que no cumple con los requisitos para la licencia. Resultado: pierden tiempo, dinero y energías.
La licencia de apertura no es un trámite para dejar para el final, es uno de los primeros pasos. No lo ignores.
Creer que todo se puede hacer solo
Cuando emprendes, es tentador pensar que puedes con todo: redes sociales, ventas, contabilidad, gestión de proveedores, diseño, marketing, atención al cliente… y sí, durante un tiempo seguramente lo hagas todo tú. Pero llega un punto en el que no se puede.
El error es pensar que pedir ayuda es un gasto innecesario. Lo que en realidad pasa es que, al intentar hacerlo todo, terminas cansado, desmotivado y sin avanzar de verdad en nada. No hay que contratar a diez empleados, pero sí reconocer cuándo necesitas delegar.
Por ejemplo, si la contabilidad no es lo tuyo, mejor pagar a alguien que la lleve, porque cualquier error con Hacienda sale caro. Si las redes sociales te agotan, busca apoyo en alguien que sepa llevarlas bien. El tiempo que liberas al delegar lo puedes usar para centrarte en lo que realmente importa: hacer crecer tu negocio.
Querer hacerlo todo solo es un error de orgullo. Y, al final, se paga.
No escuchar a los clientes
Otro fallo es creer que uno sabe mejor que nadie lo que el cliente quiere. Y sí, es verdad que tú tienes una idea y que la has trabajado, pero al final quien manda es el cliente. Si la gente no entiende tu producto, si no lo ve útil o si simplemente no lo necesita, tu negocio no avanza.
El problema aparece cuando te aferras tanto a tu idea que te niegas a cambiar nada. Y ojo, no hablo de dejar de lado tu esencia, sino de adaptarte. Escuchar al cliente es básico: sus comentarios, sus quejas, incluso lo que no dicen, te da pistas de hacia dónde ir.
He visto negocios que fracasan porque el dueño se enamora tanto de su proyecto que se olvida de que quien paga es otro. Y si ese otro no está convencido, no importa lo mucho que a ti te guste tu producto.
Escuchar al cliente no es solo poner una encuesta en Instagram, es hablar con ellos, preguntarles qué opinan y estar dispuesto a mejorar.
Pensar que el marketing es un lujo
Mucha gente cree que el marketing es “algo que ya haré cuando me sobre dinero”. Y no, es al revés. Si no inviertes en darte a conocer, ¿cómo quieres que la gente sepa que existes?
El error aquí es pensar que basta con abrir un perfil en redes y subir fotos de vez en cuando. El marketing no es solo publicar, es crear una estrategia, pensar en quién quieres que te conozca y cómo vas a llegar a esas personas. No se trata de gastar una fortuna en anuncios, pero sí de dedicarle tiempo y recursos.
He visto proyectos buenísimos que se hunden porque nadie se entera de que existen. Y al revés, negocios normales que crecen porque saben comunicar bien. Así que, si piensas que el marketing es un lujo, te estás disparando en el pie.
No cuidar el tiempo y la motivación
Cuando emprendes, es fácil perder la noción del tiempo. Te levantas, trabajas en mil cosas, terminas agotado y sientes que no avanzas. Aquí el error es no organizarte ni cuidar tu motivación.
Muchos se queman porque creen que emprender es estar ocupado todo el día. Y no, no se trata de eso. Se trata de ser productivo, de saber qué tareas son realmente importantes y cuáles puedes dejar para después o delegar.
También está el tema de la motivación: habrá días en los que no tengas ganas de nada, en los que todo parezca ir mal. Y aquí es cuando muchos abandonan. La clave está en recordar por qué empezaste y en aceptar que no todos los días son perfectos.
Cuidar tu tiempo y tu energía no es un capricho, es una necesidad. Si te desgastas demasiado, tu negocio se resiente.
Al final, emprender no es solo tener una buena idea
Si estás pensando en emprender, lo mejor que puedes hacer es ser honesto contigo mismo, aceptar que habrá problemas y preparar lo mejor que puedas el camino.
Porque emprender es un viaje que, aunque duro, también puede ser de los más gratificantes de la vida. Y todo empieza con algo tan simple como estar dispuesto a aprender de los errores, incluso antes de cometerlos.