Si preguntas a cualquier persona de tu entorno por un plato que haya estado presente en su vida desde la infancia, las lentejas suelen aparecer enseguida, ya que tienen ese punto de comida casera que apetece cuando necesitas algo calentito y que te llene, y es que mucha gente las ve como algo tan común que a veces se olvida la cantidad de historias, curiosidades y detalles que esconden. En realidad, llevan siglos acompañando a distintas culturas, viajando por medio mundo, adaptándose a tradiciones y recetarios variados, y siempre con esa mezcla de modestia y presencia constante que las hace tan fáciles de querer.
De dónde vienen realmente.
Cuando piensas en las lentejas, lo normal es que te venga a la cabeza un guiso de toda la vida, aunque el origen de esta legumbre es bastante más antiguo de lo que solemos imaginar, ya que se han encontrado restos en zonas del Mediterráneo Oriental que datan de periodos en los que las civilizaciones aún estaban empezando a organizarse. Esto quiere decir que ya estaban por ahí antes de que existieran las carreteras tal y como las conocemos o de que alguien pensase en la idea de un mercado. Lo curioso es que se extendieron con rapidez, porque eran fáciles de transportar, de almacenar y de cocinar, así que su expansión se fue dando de forma natural al mismo tiempo que diferentes pueblos se movían entre regiones. Al final terminaron en lugares muy distintos entre sí, como la Península Ibérica, donde encajaron sin problemas en las costumbres de cocina que ya existían.
Cómo han pasado de alimento básico a ingrediente de moda.
Hace unos años parecía que las lentejas quedaban reservadas a los guisos de siempre, aunque la cosa ha dado un giro interesante porque han empezado a aparecer en recetarios actuales con mucha más frecuencia, ya que los cocineros jóvenes han descubierto que combinan de maravilla con especias, verduras de temporada, platos fríos, platos templados y prácticamente todo lo que te apetezca probar. Esto ha ocurrido porque la gente busca alternativas que sean rápidas de preparar, que se adapten a ritmos de vida cambiantes y que al mismo tiempo resulten saludables. Como cuentan los profesionales de Legumbres Astorga, muchas personas han recuperado el gusto por estas recetas porque les permiten improvisar en la cocina sin complicarse demasiado, lo que ha provocado una repercusión creciente en los últimos años.
En realidad, esta evolución no sorprende tanto si te fijas en cómo han cambiado los hábitos de cocina, ya que ahora es común mezclar lo tradicional con ideas muy actuales y jugar con texturas distintas. De ahí que hayan surgido platos como ensaladas templadas de lentejas, mezclas con cítricos, combinaciones con quesos frescos o incluso versiones más creativas que se apoyan en ingredientes que antes ni se planteaban. Todo esto se ha dado sin perder el vínculo con las lentejas de la abuela, porque mucha gente sigue recurriendo a ese sabor de toda la vida que reconforta cuando el día se hace largo.
Por qué son tan agradecidas en la cocina.
Si hay algo que define a las lentejas es que se adaptan a lo que tengas por casa, ya que se llevan bien con verduras, carnes, embutidos, tofu, arroz, pasta, hierbas aromáticas, caldos sencillos y hasta con restos de comidas anteriores, lo que hace que sean uno de esos alimentos que te salvan un mediodía sin mucho esfuerzo. Lo curioso es que funcionan igual de bien en frío que en caliente, así que puedes prepararlas en un plato ligero para el verano o en un guiso más contundente para los meses fríos, todo sin necesidad de recurrir a técnicas complicadas.
Un ejemplo claro y muy cotidiano sería ese día en el que abres la nevera y solo encuentras un par de zanahorias, media cebolla y un trozo de pimiento verde, y aun así puedes montar un plato digno de cualquier menú casero. Solo basta con un poco de sofrito, las verduras, las lentejas y agua o caldo. Con eso ya tienes la base de algo rico sin necesidad de darle demasiadas vueltas. Por eso mucha gente siente que estas legumbres tienen un aire práctico que encaja muy bien con el ritmo de vida actual.
Al mismo tiempo que resulta sencillo prepararlas, también mantienen bien la textura si te pasas un poco con la cantidad de agua o si se cuecen unos minutos más de la cuenta, así que son bastante indulgentes con pequeños despistes habituales en la cocina diaria. Por eso quienes están empezando a cocinar las ven como un terreno seguro para practicar sin miedo a que algo salga del todo mal.
La variedad de colores y tamaños, algo más curiosa de lo que parece.
Cuando piensas en lentejas es normal imaginarte las típicas pardas, aunque existen variedades con características totalmente distintas que han ido adaptándose poco a poco a los gustos de cada zona. Están las verdes, que mantienen bien la forma y ofrecen un sabor más intenso, o las peladas, que se usan mucho para cremas suaves y que se cocinan con bastante rapidez. También existen algunas más grandes, otras más pequeñas y otras ligeramente anaranjadas que llaman la atención por su color.
Cada tipo responde a un uso diferente porque unas aguantan mejor el calor prolongado, otras se deshacen con facilidad y otras conservan la piel casi intacta, lo que provoca sensaciones distintas al comerlas. Esto abre la puerta a platos algo menos previsibles, ya que puedes jugar con texturas y tonos sin que la receta pierda su esencia. De hecho mucha gente descubre nuevas variedades sin proponérselo cuando prueba platos internacionales o cuando busca alternativas ligeras para épocas de calor.
Su función en la alimentación actual y por qué todo el mundo habla de ellas.
Como la gente busca recetas que resulten cómodas de preparar, con sabor, poco costosas y con ingredientes reconocibles, las lentejas han encontrado su espacio en el día a día de muchas personas que quieren cocinar con sentido práctico. Se han convertido en una opción recurrente entre quienes prefieren evitar platos pesados en jornadas laborales o entre quienes intentan equilibrar su menú sin complicarse con elaboraciones largas.
Esto se ha visto también en redes sociales, donde los vídeos de cocina sencilla han hecho que recetas de lentejas ganen influencia, ya que la mayoría se pueden cocinar en una única olla y ocupan poco tiempo. Todo esto ha creado una pequeña corriente que anima a redescubrirlas y a darles usos que quizá antes pasaban desapercibidos. Hoy en día es habitual verlas en tápers que la gente lleva a la oficina, en menús semanales de estudiantes que buscan ahorrar o en platos improvisados a última hora del día cuando ya no apetece pensar demasiado.
Recetas que funcionan sin complicación.
Como las lentejas pueden tomar caminos muy variados dentro de la cocina, merece la pena detenerse un poco en algunas ideas rápidas que pueden servir tanto para quienes nunca se animan a innovar como para quienes disfrutan improvisando con lo que tengan en la despensa.
Una opción bastante ligera consiste en preparar una ensalada templada con lentejas cocidas, tomate picado, cebolla morada, pepino, un chorrito de aceite de oliva y un toque de limón. Esta mezcla funciona bien porque ofrece frescor, textura y un equilibrio muy agradable para los días en los que te apetece algo fácil y sin calentarte la cabeza. Si quieres darle un giro distinto, se puede añadir queso fresco o aguacate, ya que encajan sin esfuerzo con la base del plato. Lo interesante es que esta receta se adapta con rapidez a lo que tengas en casa, lo que refuerza esa idea de cocina flexible.
Otra alternativa que nunca falla consiste en preparar un guiso más clásico con verduras y un pequeño toque de pimentón dulce, ya que esa especia aporta un sabor muy característico que recuerda a la cocina de siempre. Un ejemplo sería cocinar las lentejas con cebolla, zanahoria y un hueso de jamón que tengas guardado en el congelador, algo que muchas familias hacen para aprovechar restos. Esa combinación genera un caldo con cuerpo y con un aroma muy reconocible, lo que te permite disfrutar de un plato reconfortante sin necesidad de grandes preparativos. Es un tipo de receta muy agradecida porque acepta pequeñas variaciones sin que cambie la esencia del plato.
Un alimento que cambia con cada estación, sin complicar la cocina.
Una de las razones por las que las lentejas encajan tan bien en nuestras rutinas tiene que ver con su capacidad para adaptarse a lo que pide el cuerpo en cada época del año, ya que en invierno apetecen más los guisos calientes, mientras que en verano funcionan de maravilla en platos más frescos que se pueden dejar preparados con antelación. Esta versatilidad se vuelve especialmente útil cuando el calor aprieta o cuando toca apretar el acelerador entre trabajo, recados y compromisos, pues permiten improvisar platos completos sin dedicarles demasiado tiempo.
Esto ha hecho que muchos hogares las incorporen en sus menús semanales, ya que son accesibles, duran mucho tiempo almacenadas y te permiten evitar compras de última hora. Al mismo tiempo mantienen su sabor incluso si cocinas una cantidad algo mayor para dejarla preparada, lo que hace que sean ideales para quienes prefieren organizar la semana con comida hecha.