Si ponemos los ojos en el IBEX, podemos decir que España va bien. A nivel económico, da la sensación de que la bolsa sube y las empresas españolas crecen. De hecho no es una sensación, ahí están los datos. Si miras a la vivienda, los precios suben más que el IBEX. Los españoles medios no cabemos en nuestro asombro, pues el día a día del ciudadano medio, no encaja con los datos ni con los precios. Sube la cesta de la compra, suben los suministros, suben los alquileres y, por supuesto, comprarse una vivienda es toda una odisea o mejor dicho, una utopía.
Difícilmente podemos adivinar a donde vamos a llegar. Sube todo menos los salarios. Aunque nos hagan creer lo contrario. Llegar a fin de mes, se convierte en toda una aventura. Por lo que comprar un piso no sale a cuenta. Por mucho que nos cuenten el cuento de, que la demanda supera a la oferta. Lo que no deja de sorprender es que nos repitan esa historia para explicar el por qué suben los precios de los inmuebles. Lo cierto es que la noticia de moda anuncia que el metro cuadrado de la vivienda se sitúa por encima de los máximos históricos. Superando los dos mil ciento cincuenta euros por metro cuadrado, de media. Un doce por ciento más que hace un año.
Esta situación nos recuerda a la burbuja inmobiliaria que precedió a la crisis del dos mil ocho, cuando el precio de un metro cuadrado se situó en dos mil ciento un euros. Estas cifras, hacen que un piso de ochenta metros cuadrados ronde los ciento setenta mil euros. Algo difícil de creer, puesto que la compra de una vivienda en la actualidad, supera con creces esa cifra y los metros son menos. Al menos eso aseguran quienes andan a la zaga de la casa de sus sueños. Encontrar un piso de ochenta metros por ciento setenta mil euros, es algo del pasado.
La vida sube más que el metro cuadrado
Hablando con los expertos en el sector inmobiliario de Mar & Golf Unique Homes, Unique Sensations, dedicados a inmuebles de alto standing, descubrimos que, si atendemos a la inflación, podemos comprobar como el precio no es tan elevado. Es decir, los datos actuales, no tienen en cuenta lo que el impacto de la inflación hace en los números. Lo que se traduce en que el dinero en el dos mil veinticinco, cunde menos que en el dos mil ocho. Si los precios de dos mil ocho (dos mil ciento un euros) fueran actualizado conforme a la evolución del IPC, equivaldrían a dos mil ochocientos ochenta y tres euros. O sea que todavía estamos por debajo del precio de la burbuja.
Otro matiz es que se trata de una estadística que refleja el valor medio de las tasaciones. Factor que puede diferir del precio de mercado, algo más factible a la hora de entender estos datos. Sea como fuere, lo que resulta más que evidente es que existe una subida continua de los precios, que se produce desde hace ya una década. El valor medio del metro cuadrado aumenta de forma continua desde mediados del dos mil catorce, salvo la caída a consecuencia de la pandemia. A pesar de esa caída que dejó el metro cuadrado en menos de mil quinientos euros, el aumento desde dos mil catorce ha supuesto un cuarenta y siete por ciento.
Las consecuencias de estas subidas son devastadoras. Sobre todo para el ciudadano medio sobre el que recae el peso de la economía. Los trabajadores son los que tienen que hacer cábalas para llegar a fin de mes, pagar sus facturas, llenar la nevera y, por supuesto, hacerse cargo de la hipoteca. Lo que nos lleva a recurrir al alquiler, porque las hipotecas no se conceden con facilidad y si las conceden, pagarlas se torna más que difícil en infinidad de casos.
Tal y como está el panorama inmobiliario, alquilar es la opción a la que más se recurre. Aunque tampoco resulta fácil, el precio del alquiler supera con creces el de la letra de una hipoteca. A este precio hay que añadir los gastos habituales, suministros, facturas, cesta de la compra… Sin olvidar todo lo que te piden para poder alquilar: garantías, meses de fianza, empleo fijo… En resumidas cuentas tener donde vivir es más un sueño convertido en pesadilla que una realidad plausible.
Cuesta entender esta situación, sobre todo desde el punto de vista de los más jóvenes que quieren independizarse. Tanto para alquilar como para comprar, el mercado inmobiliario se ha convertido en un escenario de lujo. O tienes suerte en la búsqueda o la búsqueda puede acabar con tu sueño.
Para muchos, vivir en las capitales se ha convertido en algo irrelevante y optan por buscar fuera. Ciudades más pequeñas, pueblos o localidades alejadas, son las opciones más plausibles. En estos lugares, encontrar una vivienda a un precio asequible, es más fácil, tanto para comprar como para alquilar. Sin embargo, en algunas de estas zonas, carecen de servicios básicos lo que supone tener que desplazarse para hacer la compra o asistir al médico. Toca adaptarse y muchos, optan por vivir en las afueras, sobre todo si tienen la opción de teletrabajar.
Falta de vivienda a pesar de los precios
La paradoja la encontramos en la contradicción: no se puede comprar por los precios, pero existe una demanda difícil de absorber. El sector está preocupado debido a la escasez de vivienda para absorber una creciente demanda. La escasez estructural de la oferta, no hace más que empujar los precios al alza, sobre todo en las grandes ciudades o zonas de alta presión demográfica. Miles de jóvenes y de familias, se encuentran fuera del mercado, debido a la falta de ahorro y unos salarios más que insuficientes.
Llegados a este punto, hay que señalar que el abaratamiento en los tipos de interés que se ha producido recientemente, impulsa las hipotecas. Hecho que suma presión a un momento en el que la compraventa se reactiva.
Otro dato sorprendente es que la vivienda libre, con hasta cinco años de antigüedad, es la más cara, llegando a los dos mil quinientos quince euros por metro cuadrado. Importe más elevado para este tipo de inmueble desde dos mil diez, momento en que los datos son accesibles. Las viviendas con más de cinco años, son las que tienen un valor por metro cuadrado de dos mil ciento cuarenta y dos euros. Lo que nos deja con los mil ciento noventa y cinco euros por metro de la vivienda protegida, en el primer lugar de los inmuebles asequibles.
Esta subida no se ha producido en algunas comunidades autónomas. Todas han registrado subidas durante el tercer trimestre, siendo Madrid y Baleares las que superaron los tres mil seiscientos euros por metro cuadrado: tres mil setecientos treinta y dos y tres mil seiscientos setenta y dos euros respectivamente, situándose como las zonas más caras del país. Lo que sube la media general en gran medida, lógicamente. El País Vasco y Cataluña van a la zaga, con un precio de dos mil ochocientos sesenta y seis y dos mil quinientos cuarenta y ocho. Aunque la diferencia se acerca a los mil euros por metro cuadrado.
Como medidas para atajar la escasez de vivienda y sus elevados precios, los expertos del sector reclaman una reforma de la Ley del Suelo que permita facilitar la promoción de la vivienda. La cuestión de la vivienda es una de las mayores preocupaciones del pueblo español, por lo que el sector inmobiliario pide encarecidamente que se fomente la colaboración público-privada para movilizar el suelo público y destinarlo a promotores que construyan viviendas asequibles, reducir la fiscalidad que no hace sino encarecer la vivienda y el intervencionismo para atraer inversores y, ampliar el parque de vivienda de carácter social. A lo que el gobierno de España, responde que es suficiente con un sistema público de vivienda que permitirá acabar con la crisis que vive el país.
Cada quien ve las cosas como mejor le viene y las interpreta a conveniencia. La realidad, datos al margen es lo que se vive en las calles. El día a día de los españoles no permite ahorrar ni plantearse hacerlo. Tanto es así que se han empezado a producir ventas de pisos por partes. Cada inquilino compra su habitación y luego vive en paz y armonía con sus vecinos de piso, que no de bloque. Nótese la ironía. Vivir así no puede considerarse vivir, por mucho que nos lo pinten como una opción. Si no era suficiente lo de compartir piso a los cuarenta o cincuenta por razones más que obvias, ahora puedes compartir la compra del inmueble, pagando tu hipoteca mientras quien ocupa la habitación de al lado, paga la suya.
En resumidas cuentas, los datos que refleja el IBEX y, los precios de la vivienda, no van acordes con la situación real de un país que, cada vez empobrece más. Precios altos en la vivienda, elevados costes de suministros, una cesta de la compra cada vez más vacía, trabajos precarios… Síntomas evidentes de que algo falla y nadie lo quiere asumir.